La inteligencia artificial está evolucionando no solo para responder preguntas o automatizar tareas, sino también para leer y responder a señales emocionales humanas. Tecnologías como el reconocimiento de expresiones faciales, análisis de voz y cuerpos mediante IA —desarrolladas por empresas especializadas en emotion AI— buscan interpretar estados emocionales como tristeza, atención o frustración usando datos de expresiones y tonalidades.
Al mismo tiempo, estudios recientes muestran que el uso intensivo de agentes conversacionales puede aumentar la percepción de empatía y apego hacia estas herramientas. En una investigación longitudinal, los usuarios que interactuaron regularmente con plataformas de IA reportaron un incremento significativo en la sensación de comodidad y apoyo emocional.
Y no es casualidad: más del 70 % de las personas entre adolescentes han usado IA para obtener apoyo, guía o compañía, según estudios sobre uso de IA en contextos sociales. Esto indica que muchos ven a estas tecnologías no solo como asistentes, sino como fuentes amigables para manejar emociones o situaciones personales.
Pero hay advertencias importantes: algunos expertos señalan que estas conexiones pueden ser superficiales y no sustituyen la complejidad de relaciones humanas reales. La empatía “percibida” de una IA es el resultado de patrones de respuesta generados por algoritmos, no de comprensión emocional genuina. Esto puede ser útil como apoyo complementario, pero también puede generar dependencia emocional reducida sobre habilidades humanas reales.
Además, la recolección de datos para alimentar estos sistemas plantea preocupaciones sobre privacidad y consentimiento, especialmente cuando se tratan señales emocionales sensibles. El uso de datos biométricos o información emocional no regulada puede abrir puertas a manipulación o explotación comercial si no hay normativas claras.
Así, la inteligencia artificial emocional representa un terreno fascinante pero delicado: tiene potencial para mejorar experiencias —como terapia virtual, accesibilidad o apoyo social—, pero también requiere una implementación ética y regulada que preserve la dignidad y autonomía humanas.








