En un internet saturado de hauls y compras impulsivas, una nueva tendencia está llamando la atención: el underconsumption core. En lugar de mostrar lo que compran, miles de creadores en TikTok presumen lo que no compran: ropa repetida, maquillaje terminado hasta el final y objetos reparados en vez de reemplazados. No es solo estética minimalista; es una reacción cultural al exceso de consumo de la última década.
El contexto explica mucho. Según el informe Global Consumer Insights Pulse Survey de PwC, más del 50% de los consumidores globales dicen estar reduciendo gastos no esenciales debido a la inflación y la incertidumbre económica. Al mismo tiempo, Deloitte reporta que la Generación Z prioriza cada vez más el valor y la durabilidad sobre el estatus de marca. Es decir: gastar menos no solo es necesidad, también es postura.
Las cifras ambientales también impulsan el movimiento. La industria de la moda es responsable de aproximadamente 8–10% de las emisiones globales de carbono, según Naciones Unidas. Comprar menos y reutilizar más se vuelve entonces no solo una decisión económica, sino ética. Reparar zapatillas o repetir outfit deja de ser “poco aspiracional” y pasa a ser símbolo de conciencia.
Curiosamente, el lujo no desaparece: se redefine. El nuevo estatus no está en tener más, sino en elegir mejor. Marcas que promueven calidad, reparación y reventa están creciendo; el mercado global de resale de moda podría superar los $350 mil millones para 2028, según ThredUp. Consumir menos, pero mejor, se convierte en la narrativa aspiracional.
El underconsumption core no es austeridad triste. Es control, intención y coherencia. En una era de sobreestimulación y compras en un clic, decidir no comprar puede ser el gesto más disruptivo de todos.








